jueves 5 de noviembre de 2009

V

domingo 1 de noviembre de 2009

Misión

El hombre luce una inquietante sonrisa. “¿Hay algún problema?” Dice ella en un inglés casi inaudible. El hombre no contesta y vuelve a repasar con detenimiento la foto del pasaporte y su rostro como si se tratase del juego de las diferencias. Las palmas de sus manos empiezan a sudar. Se pregunta si habrán interceptado su equipaje. “¿Es la primera vez que viene a mi país?” Los otros no habían logrado pasar ¿y si ella tampoco? “Sí, la primera” No importaba. Tarde o temprano alguno pasaría. Sin abandonar su siniestra sonrisa, el hombre parece cotejar algún dato. Ella desgrana los segundos retorciéndose los dedos “Bienvenida. Siguiente”

Foto de aquí

miércoles 28 de octubre de 2009

Castigo I


No sé a qué edad me di cuenta de lo mío, pero ya de pequeñito me gustaba. Mi madre que era gallega y de natural amable, apenas me riñó durante la infancia porque yo, siempre fui un niño muy quieto que rivalizaba en bondad con los querubines y que a diferencia de mis hermanos que me sacan dos lustros, no te enterabas de que tenías niño. Fue esta bondad innata de mi persona la que me hizo ser blanco de burlas y vejaciones desde que tengo recuerdo. Yo asumía estos quebrantos con una suerte de resignación, no diré que cristiana porque de Dios nunca he tenido noticia alguna. Siempre me sentí poca cosa y que los demás me humillaran me parecía consecuencia natural de mi condición.
Lo mío lo descubrí con Martita. Cada verano nos juntábamos en el pueblo la familia a pasar las vacaciones. Los únicos pequeños éramos Martita y yo, rezagados e inesperados vástagos de nuestra maltrecha estirpe. Yo a Martita le llevaba dos años por lo que en general la consideraba una cosa llorona y ñoña que no hacía más que jugar a las muñecas entre las faldas de las hembras de la casa. De ahí mi sorpresa cuando el verano de mis doce años vi llegar a Martita completamente transformada.

Había crecido, tanto que ahora sobrepasaba mi altura. Se le había alargado el rostro y los miembros, que le colgaban un tanto desgarbados. Su pecho era diminuto y aún casi plano a excepción de los pezones que apuntaban un florecimiento próximo e inquietante. Me sentí atraído por ella de inmediato. Ella parecía ser consciente de su cambio físico. Había abandonado casi por completo el carácter infantil, ya no jugaba, y solía deambular alrededor de los adultos ahora sé que consciente de la turbación que provocaba en el sexo masculino. Lo cierto es que era hermosa, pero no con esa belleza fácil que tienen las niñas de mejillas sonrosadas y llenas. Su rostro poseía extraños ángulos que le aportaban un aspecto de madurez desconcertante en una niña aún tan pequeña. Yo no sabía más que andar a su zaga.
Dejé mis libros y mi afición a observar bichos por el pueblo, por seguir el compás de aquella trenza castaña que azotaba su espalda.

jueves 22 de octubre de 2009

Capítulo 3 - Dos bajo uno


"Dos bajo uno", proyecto de escritura entre"Cajón de Almidón", y "Mujer en laberinto", ha publicado su tercer capítulo:


viernes 9 de octubre de 2009

Lanzarote


Buscando las raíces

sábado 19 de septiembre de 2009

Un joven poeta recuerda a su padre

Ahora ya sé que pasé por tu vida
como pasan los ríos debajo de los puentes,
indiferentes, turbios, orgullosos,
con la trivialidad desdibujada
de las pequeñas cosas que parecen eternas.

Muchas veces lo obvio
se oculta tras un halo de extrañeza,
tras la costumbre lenta, indistinguible
del aura fugitiva de las vivencias únicas.

Es díficil saber
que la belleza abrupta del vivir cotidiano,
tan desinteresada de sí misma,
nacidad sin clamor ni pretensiones
es en esencia tan mágica y rotunda
que resulta imposible de imitar a propósito.

Y es aún más dificil
comprender que la fiesta de las cosas sencillas
casi siempre termina
mucho antes que la voluntad del festejado.

Inmóvil vi pasar ante mis ojos
el desfile callado de tu vida
con tus sueños cansados en otoño,
tus alegrías de puertas para adentro
y tus desvelos discretamente cálidos.
Creo acertar si digo
que nunca te di nada que no fuese
un préstamo a mí mismo.
Te pedí, sin embargo, tantas cosas.

Hoy, inmóvil de nuevo, asisto inerme
a este desfile amargo de tu ausencia
mientras mi corazón, dividido y atónito,
comienza a descubrir como el poeta
que la vida va en serio.

Te recuerdo. Hace frío.
Y el frío me devuelve
aquella forma tuya tan sutil
de ofrecerme a la vez un corazón errante,
la suerte en un casino de Las Vegas,
la lluvia en el desierto,
los versos de Machado en un suburbio.

Ahora ya sé que pasé por tu vida
indolente y confiado, sin asombro,
como suelen vivivir todos los hombres
que no conocen todavía la pérdida.

Raquel Lanseros, Los ojos de la niebla


Raquel Lanseros es filóloga, traductora y sobretodo poetisa. Ha publicado Leyendas del Promontorio (2005), Diario de un destello (2006), accesit del premio de poesía Adonais y Los ojos de la niebla (2008) XXII Premio Unicaja de poesía. Raquel estará está noche recitando poesía junto con otros autores en la Residencia de Estudiantes en la Noche en Blanco

domingo 13 de septiembre de 2009

Retorno

En cuanto el avión aterrizó en Madrid, se dio de cuenta de que aquel verano, sí que había desconectado.
Aturdida en la cola de los taxis, intentaba recordar su dirección sin éxito. Había confiado en que algún amigo o familiar tal vez, fuera a recogerla, pero no reconoció ni una sola de las caras sonrientes que esperaban en la puerta de Salidas. Ellas tampoco la reconocieron. Ahora veía con desesperación como una diligente funcionaria ataviada con chaleco fluorescente despachaba la cola con celeridad. Casi cuando estaba a punto de llegar su turno de abordar el taxi se fijó en la etiqueta que pendía del asa de su maleta. "Marta Navas Calle Ardemans 33, 6º B. Respiró con alivio. Le dijo la dirección al conductor y se hundió cómodamente en la penumbra del asiento trasero. A través de la ventanilla se le ofrecía el espectáculo de una ciudad vagamente familiar pero sin duda nueva. Abrió la ventanilla y el aire de la noche cálido entró en el coche. Lo reconoció como un olor lejano de la infancia, como el de la cocina de su abuela. El taxi se detuvo frente a un edificio nuevo. Su fachada similar a todas en la calle no le dijo nada. Se aferró a las llaves que llevaba en el bolsillo, mientras comprobaba el interfono Marta Navas 6º B. Tardó un rato en localizar la llave correcta. Ya frente a la puerta de la vivienda dudó sin atreverse a probar la llave y presionó el timbre largo rato. Silencio. Con el corazón acelerado introdujo la llave correcta en la cerradura y la hizo girar lentamente. Se detuvo un instante antes de entrar y cerró los ojos con fuerza. Su cabeza estaba llena de arena, lluvia, siestas, gintonics, camas, sol, gritos, libros, azoteas, muchos libros, llamadas de madrugada, películas, playas, miradas inquietantes, pecas, abrazos de la abuela, salitre, azafatas idénticas como clones, dolores de cabeza que aun latían en su sien, cerveza, manos. Niños riendo.

Tomó aliento y entró en el salón, dispuesta a redescubrir su vida.

***
Foto de Franncisco de Asis Giménez Rocamora